Mercados financieros febrero

Los mercados entraban en pánico como consecuencia del coronavirus. El avance imparable de los índices bursátiles, que marcaban nuevos máximos históricos día tras día, parecía demostrar que los inversores habían descartado un efecto negativo significativo del Coronavirus sobre la economía global. Pero, de repente, todo ha cambiado. La progresiva expansión del virus fuera de China, aunque de forma muy limitada de momento, ha supuesto un cambio radical de expectativas y ahora los inversores parecen temer un impacto severo sobre la economía. Con todo ello, en el mes de febrero el S&P 500 perdía un 8,4%, el Eurostoxx 50 un 8,6%, el DAX alemán se dejaba también un 8,4%, mientras que el Ibex 35 cedía un 6,9%.

Paradójicamente, esto llega en un momento en que los indicadores económicos estaban empezando a mostrar indicios de mejoría. Durante los últimos meses la subida de las bolsas estaba anticipando una mejoría de la economía tras la prolongada desaceleración que se inició en 2018, pero en unos pocos días ese escenario parece haber quedado descartado. Las primeras estimaciones hablan de un impacto limitado en el crecimiento de la economía, que podría ser 5 décimas inferior al previsto en China y 2 décimas en Europa. El impacto podría ser mayor en los beneficios de las empresas que podrían tener un nuevo año de estancamiento frente a las previsiones de crecimientos del orden del 7% que se manejan actualmente. En todo caso el daño sobre la economía sería intenso durante un trimestre y luego cabría esperar una fuerte recuperación. En este sentido también sería razonable suponer que la intensa corrección de la Bolsa debería tener una duración limitada.

La reacción del mercado al coronavirus. Cuando surgieron las noticias sobre la gravedad del brote en china se produjo una caída del 3-4% y de muy breve duración. Enseguida los mercados obviaron el tema de la epidemia y continuaron con su racha triunfal de sucesivos máximos históricos tanto en EEUU como en Europa. Todo cambió el fin de semana del 22 de febrero, cuando se conoció el importante aumento de los contagios en Italia y Corea, así como los limitados, pero muy extendidos casos en otros países del mundo. Es decir, durante los días de fuerte aumento de los casos en China los mercados tuvieron una corrección limitada, y retomaron las subidas al percibirse que los nuevos casos empezaban a declinar. La gran caída ha vendo ante el aumento de los casos fuera de China. Este aumento es de momento muy modesto, pero lo cierto es que los mercados han entrado en pánico y ante eso es difícil racionalizar la situación.

El coronavirus, ¿y algo más? Con la experiencia de otras epidemias que apenas tuvieron efecto en los mercados cabe preguntarse si hay algo más detrás de este pánico bursátil. Sin duda la situación de los mercados en los últimos meses ha contribuido a la violencia de la corrección. Desde el verano pasado las bolsas mundiales estaban inmersas en un intenso proceso alcista. Estas subidas supuestamente estaban anticipando un escenario de recuperación de la economía y los beneficios tras la desaceleración que se inició en 2018. De hecho, algunos indicadores publicados recientemente parecen apoyar el escenario de recuperación. Se nos junta por tanto una corrección que era esperable en algún momento por la subida de los últimos meses con un shock a la economía que puede justificar un relato pesimista para los próximos meses. Simplemente la reacción defensiva de las personas y las medidas de las empresas y los gobiernos para limitar el riesgo de contagio pueden dar lugar a un frenazo de la economía que es lo contrario a lo que se esperaba hasta hace unos días. La caída de los índices les ha devuelto precisamente a los niveles en que empezó este verano la recuperación de la parte cíclica del mercado. Es decir, cuando se empezó a descontar que la desaceleración de la economía estaba cerca de tocar fondo e iniciar una gradual mejoría descartándose el escenario de una recesión. Volvemos por tanto a una situación en que los inversores vuelven a dudar sobre la evolución futura de la economía. No se descuenta una recesión, algo que sin duda implicaría caídas bastante más severas, pero sí un estancamiento más prolongado.

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