El interés compuesto

No nos limitemos al interés que se nos ofrece. Pensemos más allá. A la hora de invertir no sólo hemos de revisar que el interés que vamos a recibir sea el más alto posible. Si buscamos el mayor beneficio, también tenemos que fijarnos en si este es simple o compuesto. 

Veamos porqué. 

Qué diferencia al interés compuesto

La principal característica del interés compuesto es su exponencialidad. Esto es, los intereses generados por un año X, se basan en las ganancias totales incluyendo las plusvalías de los años anteriores. 

Así, año a año, no retiramos los intereses que hemos generado, sino que se reinvierte y se añaden al capital que se invirtió inicialmente, esto es, se capitalizan. 

El interés simple, por su parte, se limita a sumar el interés del capital invertido al principio por el número de años que dura la inversión. 

Cómo calculamos el interés compuesto

Para calcular el interés compuesto, aplicamos la siguiente fórmula, donde Cn es el capital final de año n, C0 el capital invertido, i el tipo de interés y n el número de años. 

Cn= C0 * (1+i)^n

En cambio, con los mismos elementos, la fórmula del interés simple es la siguiente.

Cn = C0 * (1+i*n)

La diferencia de una fórmula  a otra es muy sútil, pero si se prueba a hacer cálculos, se observa cómo varían los números de aplicar un tipo de interés a otro.  Y contra más tiempo dejemos pasar, más grande será la diferencia y más efecto tendrá el interés compuesto.  

Para beneficiarte del interés compuesto has de aprovechar al máximo su efecto ‘’bola de nieve’’, que consiste en reinvertir todo el interés que se genera, haciendo que la inversión crezca cada vez más.  

Pero ojo. Esto también puede aplicarse a las operaciones de pasivo. De ahí la importancia de conocer estos conocimientos y aplicarlos para elegir la mejor solución que se adapta a nosotros. 

 

El equipo de Intermoney en colaboración con Fundsfy

 

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